Now playing

(Publicado en Nativa. Versió en català.)

A veces, en la Filmoteca, el público aplaude –aunque tímidamente– al final de la película. Es un aplauso extraño, porque sus destinatarios no pueden oírlo, pero a veces –tal vez pecisamente por lo que tiene de inútil– es particularmente emotivo: “gracias, Lindsay Anderson, aunque no puedas oírnos”. O tal vez no es del todo inútil, y va destinado también al mismo grupo de personas que está aplaudiendo: “¡magnífico Lindsay Anderson! ¿no es cierto?” Y en ese caso sería uno de esos gestos de complicidad entre personas desconocidas que hacen que de pronto se conviertan en un grupo: nosotros.

Pienso que ese nosotros, que quienes lo presencian sean de verdad un nosotros, es lo que hace que algo esté ocurriendo en vivo. En el contexto musical tendemos a discutir sobre el problema de la electrónica en tiempo real (que nunca termina de serlo propiamente), sobre si los DJ’s deben tener una proyección detrás (porque, como no están tocando nada, no ofrecen espectáculo) o sobre si el concierto tiene ese algo especial que no tiene el álbum (que me parece el último argumento de un empresariado musical en decadencia). Estas discusiones reposan, en última instancia, en la suposición de que la música en vivo es aquella que se está tocando, o incluso inventando (como en el caso de la música improvisada, de la indeterminada o del live coding) en el mismo momento en que la escuchamos.

El título en inglés que he puesto a estas líneas, sacado de los tuits con los que las radios online van anunciando su programación, permite poner de manifiesto la ambivalencia de los procesos en vivo. “Play” significa “tocar”, pero significa también “sonar”. Las radios online no dicen “está tocando Mika Vainio”, sino “está sonando Mika Vainio”. Tal vez la diferencia entre un programa en directo y un podcast no dependa tanto de que el programa se esté haciendo mientras lo escuchamos, sino de que un grupo de personas escuchen al mismo tiempo lo que “está sonando”, de que el programa tenga, en ese momento, un grupo de oyentes. Y tal vez no haga falta que ese grupo esté intercambiando comentarios en el chat del programa para que se convierta en un nosotros. Tal vez lo que importa es la forma como, mientras escuchas la radio en la más estricta intimidad, eres consciente de que no estás solo.

Lo que estoy diciendo tiene que ver con este artículo de Jordi Oliveras sobre el concierto de Caetano Veloso en el Primavera Sound. En el fondo se trata de la misma cuestión: lo que hace que una experiencia musical sea o no sea viva es el contexto de su escucha.

Si lo que digo es cierto, no hace falta que nos sintamos raros cuando aplaudimos una película en la Filmoteca. Y si quien nos acompaña protesta, “¿puedes decirme a quién estás aplaudiendo?”, no nos faltará razón al responder: “¿no te das cuenta de que acabas de presenciar una película en vivo?”

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